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El otro palacio que el Rey Carlos edificó fue el Palacio Real de Portici. En 1737, a causa de una tempestad, la pareja real se vió obligada a detenerse en Portici. La Reina Maria Amalia se enamoró al instante del lugar y el Rey tuvo la idea de construir allá una residencia real, la que más tarde se convertiría en el Palacio Real oficial.

El Palacio Real en una pintura de 1700

El Palacio Real en una pintura de 1700

Las obras, puestas en marcha en 1738, fueron encargadas en un principio a Medrano. Posteriormente pasaron a Antonio Canevari y al final vieron la colaboración de Vanvitelli y de Fuga.

El Rey Carlos adquirió los terrenos que lo rodeaban para ubicar el parque y también los palacetes del conde de Palena y del Príncipe de Santobuono, que luego se añadieron al nuevo edificio.

En 1740 se decidió ampliar el sitio hacia el mar adquiriendo el bosque de la familia D’Aquino Caramanico, del palacio Mascabruno y lo del Príncipe de Elboeuf.

Por mucho tiempo se creyó que el Palacio hubiera sido diseñado y construído en función de los palacetes ya existentes comprados por el Rey Carlos. Sin embargo, hoy en día los técnicos, en base a un examen más profundo de los antiguos proyectos propuestos (que el Rey rechazó porqué preveían el desplazamiento del Camino Real), opinan que la peculiaridad de la edificación del Palacio Real no reside tanto en vinculaciones de carácter arquitectónico, sino que se basa en cuestiones de carácter político y social. Es decir, que el Rey Carlos quería “ensayar una nueva forma de palacio que tipificara hacia afuera la idea de ‘monarquía benévola’, que le permitiera al pueblo de sentirse práctica y materialmente más próximos al Rey” (Barbera).

El Palacio Real nació como residencia de veraneo de la Corte, luego se convirtió en residencia real y casa del Museo Ercolanense, adquirido por el Rey Carlos para albergar los repertorios alumbrados de Herculano (así Portici se convirtió en una de las etapas del Grand Tour).

Las obras terminaron en 1742, pero el tamaño del Palacio Real no era suficiente como para hospedar a todos los miembros de la Corte, así que muchas familias aristócraticas, para quedarse cerca de los Soberanos, adquirieron o edificaron palacetes en los alrededores generando de esta manera el patrimonio artistico típico de esta zona, conocido como las “Villas Vesubianas”.

El Palacio muestra una fachada magnífica con amplias terrazas y balaustradas y se constituye de una parte inferior y una superior divididas por un vasto patio por donde pasa la antigua “Calle Real de las Calabrias” que ahora se llama “viale Universitá”.

El Palacio Real hoy día

El Palacio Real hoy día

En el primer piso se ubican la Sala de Guardias y la Sala del Trono, que hasta la fecha muestran parte de los adornos originarios. Destacan entre otros un gabinete del estilo de la época de Luis XV y otro estilo chino, cuyos litóstrotos, al igual que las habitaciones precedentes, proceden de Ercolano.

Entre las realizaciones más finas recordamos el pequeño Salón de Porcelana de la Reina Maria Amalia, admirable ejemplo del nivel de perfección alcanzado por la Real Fábrica de Porcelanas de Capodimonte: de momento se encuentra en el Museo de Capodimonte en Nápoles.

También las columnas de mármol rojo utilizadas para la realización del altar de la magnífica capilla barroca proceden del proscenio del teatro de Herculano.

El parque representa una de las maravillas del Palacio tal y como los de los Palacios Reales de Caserta y de Capodimonte. Se constituye de un jardín inglés que declina suavemente hacia el mar y se caracteriza por largos bulevares. Es destacable la Fuente de las Sirenas, una estatua de la “Victoria” hallada en las excavaciones, el “Cenador” del Rey Carlos, con una mesita con mosaico, la Fuente de los Cisnes, y la estatua de “Flora”, hallada siempre en las excavaciones. En el parque se ubica también un anfiteatro con tres niveles de escaleras.

Más allá del jardín se extiende el bosque, diseñado según las necesidades de diversión típicas de la Corte. La cancha para el juego de la pelota, la plaza fortificada para las maniobras militares, el criadero de faisanes, etc. En 1742 se situó en el bosque un zoológico con animales exóticos entre los que destacaba un elefante que el Sultán Mahmud obsequió al Rey Carlos. En su honor hasta se publicó un opúsculo: Disertación del Elefante, en 1766.

 

 

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